Mis queridos Exageraditos:

Comunicado:

Hola, en primer lugar quiero darte las gracias por visitar mi blog, sea porque pasaste de casualidad o llegaste a través de otra persona, en segundo lugar me gustaría realmente visitar también tu blog, y más si eres mi seguidor porque me gustaría ser tu seguidora también; sin embargo, mi querido amigo, muchas veces no he podido acceder a tu blog porque no es visible el enlace respectivo, no es por falta de interés...¡jamás!, así que te pido un favor, si pasas por aquí y me sigues o no, te invito a dejarme un comentario, porque así me es más fácil llegar a tu blog. Si así lo haces no dudes que te visitaré prontito.
Palabra de Nina ♥
Mira que ya pasaron por aquí:

Gracias...los quiero

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jueves, 10 de noviembre de 2011

"Trabajo Sucio"

Mis amigos,  ¡no saben qué día he tenido!, y yo que pensaba aprovechar todo el día ya que no tuve clases, las cancelaron; quería salir con mi bicho, pero él sí tenía clases, así que decidí  salir con mi prima (ya les contaré de ella)  ¡Y a que no saben! voy a mi guardarropa para escoger lo que me iba a poner y ¡¡¡Oh por Dios!!! grande fue mi sorpresa cuando no encontré casi nada de ropa limpia, y hasta pensé: “me han robado”, “fue la enana de mi hermana” ó  “papá lo donó todo a los más necesitados” . Me fui corriendo a preguntar a mi mamacita por mi ropita. Ella no me dijo nada y sólo me hizo señas con ese dedito acusador y me señaló la pila de ropa sucia amontonada en el cuarto de lavandería, cuartito al que, dicho sea de paso, habré visitado un par de veces en mi vida, y fue entonces que entendí todo perfectamente; cada vez que ensuciaba mi ropa mi única preocupación había sido colocarla en una canastilla que hay en mi habitación, y era mi abnegada madre la que se la llevaba a ese cuartito del terror,  la echaba en la lavadora, ponía “on” y dejaba que el milagroso aparato haga el “trabajo sucio”; luego yo encontraba mi ropita planchada, guardada y lista para ponerme. No piensen mal, las piezas pequeñas (medias y chones) los lavaba yo mismita.
Así que mi mamita para darme una buena lección y para que aprenda que por más que tengamos con nosotros a Luchita (ella trabaja en casita), no debo echarme al abandono, así como lo he venido haciendo; me hizo lavar a mano todita mi ropa, no saben cómo tengo las manos. Ella dice que en tiempos antiguos yo diría primitivos se lavaba la ropa a mano, arrojándola sobre una enorme piedra al pie de un río, y que yo debía aprender de todo y  que la tecnología puede arruinarnos la perspectiva, y arruinarme las uñas, después de esto he aprendido y he reflexionado y ahora sé que cada vez que mi ropa se acumule, debo ponerla en la canasta … y llevarla directamente al cuarto de lavado...

lunes, 30 de mayo de 2011

¡Quemé Cerebro!

¡No más! ¡please! ¡no más!, tengo el cerebro quemado de tanto estudiar, se me pegan los ojos por todas las noches que a puro librazo asesino a mi pobre sueño. Escribo rápido esta entrada con las pocas fuerzas que me quedan. Este ciclo ha sido y sigue siendo espantoso, ¡por qué tantos trabajos! ¡por qué tantos exámenes! Si me vieran, desayuno con mi cuadernos llenos de migas de tostadas, almuerzo frente a la computadora, porque no me da el tiempo de ir como la gente civilizada a comer al comedor, y la cena me la como repasando las diapositivas para mi exposición.
Ahora sí quemé cerebro, yo no sé cómo haré para seguir  este ritmo. Con mi bicho nos vemos muy poquito, ya me cansé de darle besitos a la webcam y apretar la pantalla de mi computador, ¡ay! ¡cómo lo extraño!. Él por estos días está más relajado que yo y me reclama (¡qué lindo! ¿no?), pero ni modo, ahora soy yo la que no puede verlo como quisiera buhhhh. Pero apenas salga de esto, me desquitaré, lo prometo…

lunes, 16 de mayo de 2011

¡Oh por Dios! ¡examen!!!!!

¡Examen! ¡examen!, ¡examen!, mañana tengo examen y no se me ocurrió mejor cosa para disipar mis nervios, que escribir una entrada. Lo que sucede es que este curso es muy importante (es de los que sí valen) y lo peor es que quien lo enseña es una mujer muy exigente, que nos saca el jugo en cada clase y con ¡exposiciones, tareas, exámenes orales!, etc. etc, es una locura esa mujercita de metro y medio de estatura, pero que tiene una voz que hace retumbar los cimientos de la facultad. Ella no tiene favoritos, ni acepta elogios, ni que le pasen la “franela”. Es una mujer que desde antes ya admiraba, porque se medía con los más “grandes” catedráticos, y siempre los dejaba mordiendo el polvo, y yo ¡cómo gozaba viéndola en toda su pequeña dimensión! ¡ah!. La primera vez que la vi, deseé ser como ella, no en el tamaño ¡por Dios!, sino en su manera de ser, de no temerle a nada ni a nadie, pero ahora que nos está enseñando, ¡ay! me da terror fallarle. Ahora mismo estoy con una pila de libros frente a mí, tratando de entender y retenerlo todo, pero por nada me logro concentrar pues en medio de todo, la añoranza por mi bichito no me deja estar tranquila. El pobre también anda en lo suyo.  Hace un ratito me acaba de llamar, dijo que tenía mucho trabajo que hacer. Lo bueno es que mañana nos veremos en el cafetín para desayunar juntos, ¡yeh! qué felicidad (porque esta vez él paga :D). Él como siempre pedirá su pan con camote y yo mi sándwich de pollo con bastante mayonesa…
¡Ay amigos! Ahora sí, tengo que ponerme a estudiar, para que el día de mañana, como dicen mis padres (tacaños) ya no les siga pidiendo plata.
Besitos

lunes, 24 de enero de 2011

El Peque

Amigos, ¡auxilio! Esto es peor que privarme de mis vacaciones, esto es peor que recortarme mis propinas de los domingos, esto es peor que volver a llevar los cursos de matemáticas, esto es peor que el brócoli, ¡esto es un desastre! Como recuerdan los padres de mi bicho, empecinados en que su baby estudie algo en vacaciones, le habían sugerido que tomara algunas clases de música, karate, etc.; sin embargo, ahora cambiaron de planes y sin que hayamos tenido que mover un solo dedo; pero lo que le espera al pobre bicho es peor, mucho peor, sus papis le han encargado la genial tarea de cuidar de su hermanito, del menor de la casa. En realidad sólo son dos hermanos, pero el peque vale por diez; el niño que, según mi opinión es una mezcla de "chucky" y "Freddy Krueger" junior, aspirando a convertirse en Jackson de viernes 13, es todo una calamidad, y más fácil hubiese sido entrenar un dragón que cuidar de él. El peque es un niño con cara de barney que es la pesadilla de todo su barrio. Ese niño está “trastornado”, realmente lo está, tiene 8 años y a mí se me paralizan los pelos cada vez que lo veo con su dulce sonrisa regordeta, y sus manitas siempre escondiendo algo seguramente horrible.
El peque ése, que en su casa es un primor, que ayuda a su mami a cocinar y que con su papi juega al niño bueno, es una cosita sacada de los mil avernos. Ustedes dirán que soy exagerada, pero cuando les cuente lo que ese pequeño demonio me ha hecho, me darán la razón. Cierto día en que mi bicho y yo planeamos ir al cine, el enano ese se apuntó para ir con nosotros, puso su carita de “yo no fui”, y su madre de una mirada fulminante conminó al bicho a cargar con su hermanito. Al principio me pareció buena idea, total, parecía un encanto ¡cómo me miraba con sus brillantes ojillos de sapo!, ¡cómo me sonreía con su boquita colorada por el chupetín que se engullía! Llegamos al cine, y tras aproximadamente unos veinte minutos salió a relucir el pequeño monstruo que había en él. Sentado en medio de nosotros, nos miraba esperando a ver el momento propicio para hacer sus fechorías. Reconozco que la película que fuimos a ver no era apta para el chiquitín, pues era una de terror y en ese entonces él tenía algo de cinco años, sin embargo no se le movió ni un pelo en los momentos más sangrientos, por el contrario, si hubieran escuchado su risa malévola como sacada del averno, sus ojos clavados en la enorme pantalla pidiendo más y más, mientras se reía a sus anchas. Demás está decirles que la risa del peque me empezó a dar mucho más miedo que la peli. En un momento dado cesó su risilla diabólica y se lanzó a mis brazos fingiendo un miedo repentino, que yo torpemente me creí. Lo abracé con ternura y éste gusanillo me miró con ojos de niño bueno y luego siguió viendo la película como si nada hubiera pasado. Salimos del cine, el bicho me dejó en mi casa y al llegar allí, grande y terrible fue mi sorpresa al ver que el pequeño demonio me había pegado el chicle de su chupetín en mi cabello, que para ese entonces lo llevaba hasta los hombros; Y lo había hecho de tal manera que me fue imposible evitar que me cortarán el pelo. Mi madre tuvo que arrastrarme hacia el salón de belleza. Todo el camino me fui llorando, pues sabía que la gracia del “chuki” me iba a costar caro. Y así fue, ese día me tuvieron que hacer un corte tipo hongo de “horror”. Recuerdo que por cerca de dos semanas no salí de mi casa. Y cada vez que el aire se colaba por mi pelado cuello, yo me sentía morir. Desde ese entonces me he cuidado las espaldas de aquel enano; sin embargo, una que otra vez me ha hecho de las suyas. En un descuido mío ha vomitado en mi blusa, ha echado tierra en mi leche, me ha mordido la oreja, ha rayado mis cuadernos y me ha vuelto a pegar chicle pero en mi cartera, etc. Y ahora su mamacita quiere obligar a mi bichito a hacerse cargo de él durante todo el verano ¡no! ¡Definitivamente no! Prefiero quedarme encerrada en mi casa; el pelo me creció y no pretendo cortármelo. Amigos S.O.S alguien conoce algún internado bien, pero bien lejos de Perú, donde enviar a este niño o alguna técnica de hipnosis o una correccional para niños de 8 años, o lo que sea con tal de salvar mis vacaciones de verano ¡please!

martes, 14 de septiembre de 2010

¡Exámenes! ¡no!

Exámenes, exámenes, exámenes, ¿Quién habrá inventado los exámenes? Tal vez alguien que odiaba a los jóvenes, que detestaba verlos felices saliendo a pasear, o a tomar una soda con sus amigos, tal vez lo inventó un viejecito recontra amargado que no podía ver a los jóvenes disfrutando su juventud.
Hoy empieza la semana de exámenes en la facultad, ¡vaya semanita! Tengo que estudiar un millón de cosas y no sé por dónde empezar. Tendré que pedirle un break a mi bichito, pues no podré atenderlo como él se merece, el deber llama y si no hago caso, tendré de gratis el carga montón de mis padres al finalizar el ciclo, y yo ya conozco de que se trata todo eso. Sé que mi bicho entenderá, le pediría que me ayude a estudiar, y es más, él me lo ha insinuado, pero ya conozco también aquellas tardes y noches de “estudio”, ¡ni hablar!, de eso hablaremos después, le he dicho, y me ha mirado con sus ojillos de decepción, le he reiterado que esto sí es en serio, que éstos exámenes sí que determinan el curso de la historia, y que si no los paso, adiós a todos mis beneficios. Ya tengo la soga al cuello y del otro lado a mis padres apretándola de vez en cuando.
Reconozco que no tengo ningún método de estudio ¡Qué si leyendo en voz alta todo se irá guardando en mi memoria!; ¡Que si lo escribo se fijará mejor!; ¡Que si dejo que alguien me lea aprenderé más rápido! Sin embargo ni lo uno ni lo otro me funciona, pues al momento de disponerme a estudiar, empieza a sonar el teléfono, “que si vamos a tal reunión”, y yo respondo: “no puedo, estoy estudiando”; ¡si claro! escucho decir del otro lado. Además de ello, no puedo dejar de pensar en mi bichito, ¿En dónde estará?, ¿Qué estará haciendo?, ¿Con quién estará?, y eso me fulmina al instante; cierro los libros y empiezo a recordar lo lindo que lo pasamos hace un día, y hoy me veo recluida en mi habitación, con una pila de libros cuyos autores murieron hace tiempo y seguro que pasaron mejor vida que yo. Entonces fuera de toda cordura me levanto me acicalo y salgo a tomar un poco de aire, el ambiente enrarecido por libros, me quitó las ganas de estudiar en mi habitación, así que tomo mis libros y salgo a buscar una buena banca frente a algún apacible parquecillo, intentando encontrarle sentido a lo que he tratado de leer.
Me acomodo bien, asumo la típica posición del estudiante empeñoso en aprender, abro el libro de texto, en cualquier página, da lo mismo, pero al instante el móvil suena con un mensaje de mi bicho: “¡te extraño mucho, hace cuánto que no nos vemos, bichita!” y eso es todo, dejo a un lado los libros y empiezo a mensajearme con mi bichito: “¡desde ayer, bichito, desde ayer que no nos vemos!” …
La tarde es joven, quedamos en vernos para que me ayude a estudiar, pero tanto él como yo sabemos que de estudios nada que ver, el amor me ganó la batalla…¡Sólo necesito un milagro a fin de ciclo!

lunes, 23 de agosto de 2010

El autobús del horror

Que les parece que hoy he tenido que viajar en autobús, apretada como una sardina enlatada, en un vehículo capaz de tragarse a aproximadamente treinta personas, pero que hoy se indigestaba con aproximadamente cien. Cerca de la puerta, se oían los gritos del cobrador: ¡al fondo al sitio! ¡pase más al fondo! mientras que nos apretaban como mujer de ochenta kilos que intenta entrar en traje de torero talla small . Vez tras vez escuchaba al individuo en cuestión, ¡suben! ¡suben! ¡suben!, pero por desgracia no escuchaba que alguien bajara.
Eso ya era una locura; no recuerdo como hice para respirar de a poquitos, mientras que un tipo viejo y barrigón con amplios bigotes, casi sin proponérselo, me trituraba junto a una anciana que también tuvo la mala idea de subir en este bicho.
Los minutos, escasamente veinte, se me hicieron interminables, si hubiese sido verano, hubiera muerto por la exposición a olores indeseables, pero, gracias al cielo, el frío suele disimular, la falta de amor a la pulcritud de ciertos individuos.
Demás esta decirles que baje de aquel aparato del infierno, mareada, hecha un guiñapo, arañada, despeinada, pero conservando, aún, en mis bolsillos el dinero para mis compras. Baje jurando que nunca más en mi vida me subiría de nuevo a un autobús; sin embargo, para mi desgracia, creo que mañana revisaré otra vez mis cuentas y no me quedará más que volver a treparme a unos de esos aparatos de tortura. Otra vez volverán a empujarme, pisotearme, rasguñarme, ¡en fin!, sólo espero que en lugar del viejo barrigón y bigotudo, se halle junto a mi sufriendo la misma tortura, algún prospecto varonil por el que valga la pena el sufrimiento...sin embargo, me temo, que ese tipo de chicos…no viaja en autobús.

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