Mis amigos, ¡no saben qué día he tenido!, y yo que pensaba aprovechar todo el día ya que no tuve clases, las cancelaron; quería salir con mi bicho, pero él sí tenía clases, así que decidí salir con mi prima (ya les contaré de ella) ¡Y a que no saben! voy a mi guardarropa para escoger lo que me iba a poner y ¡¡¡Oh por Dios!!! grande fue mi sorpresa cuando no encontré casi nada de ropa limpia, y hasta pensé: “me han robado”, “fue la enana de mi hermana” ó “papá lo donó todo a los más necesitados” . Me fui corriendo a preguntar a mi mamacita por mi ropita. Ella no me dijo nada y sólo me hizo señas con ese dedito acusador y me señaló la pila de ropa sucia amontonada en el cuarto de lavandería, cuartito al que, dicho sea de paso, habré visitado un par de veces en mi vida, y fue entonces que entendí todo perfectamente; cada vez que ensuciaba mi ropa mi única preocupación había sido colocarla en una canastilla que hay en mi habitación, y era mi abnegada madre la que se la llevaba a ese cuartito del terror, la echaba en la lavadora, ponía “on” y dejaba que el milagroso aparato haga el “trabajo sucio”; luego yo encontraba mi ropita planchada, guardada y lista para ponerme. No piensen mal, las piezas pequeñas (medias y chones) los lavaba yo mismita.
Así que mi mamita para darme una buena lección y para que aprenda que por más que tengamos con nosotros a Luchita (ella trabaja en casita), no debo echarme al abandono, así como lo he venido haciendo; me hizo lavar a mano todita mi ropa, no saben cómo tengo las manos. Ella dice que en tiempos antiguos yo diría primitivos se lavaba la ropa a mano, arrojándola sobre una enorme piedra al pie de un río, y que yo debía aprender de todo y que la tecnología puede arruinarnos la perspectiva, y arruinarme las uñas, después de esto he aprendido y he reflexionado y ahora sé que cada vez que mi ropa se acumule, debo ponerla en la canasta … y llevarla directamente al cuarto de lavado...





