¡Estoy de lo más aburrida!. Tengo libre la tarde enteeeeeera, y no sé qué hacer ¡Bichito cómo te extraño! El pobre sigue en alta prisión vigilado constantemente por perros sabuesos que no lo dejan ni respirar bien, rodeado además por pequeños hombrecillos traídos de Marte cuyo único deleite es reunirse a escondidas para devorarse…libros enteros. Así es amigos, mi bicho sigue en la universidad, tiene clase hasta la noche, ¡pero yo lo extraño! Hace un rato estuve enviándole mensajitos de texto, hasta que recibí un mensaje que decía: “Srta. deje a su bicho estudiar en paz”.
Seguro que fue el asistente del profesor, un franelero que no sabe hacer otra cosa que pasarle la mano al profe y que por ser muy viejito ya ni voz tiene y ni escribe, pero allí está el franelero para moverle la pizarra para donde buenamente, apunte la mano temblorosa del honorable viejecito. Este franelero seguramente pensará que a rey muerto, rey puesto, y que tarde o temprano se ha de quedar con la cátedra. Él debe haber sido, pues hoy le tocó clase con el viejito. Seguramente le ha quitado el celu a mi bichito y lo ha de haber hecho de la peor manera, avergonzándolo frente a toda la clase. Ni modo, le toca sufrir a mi bichito con el franelero, quien encima de todo se cree el profesor, pues toma exámenes orales, revisa los trabajos y poco más hace sentar al viejito en su mecedora mirando hacia la ventana, para ponerse a dictar él mismo la clase.
Lo que es yo me pasaré la tarde y la noche de lo más aburrida, pero como dicen por allí, de hasta lo malo podemos sacar algo bueno, y lo bueno es que me dio tiempo para escribirles esta entrada y poder visitarlos un poquito. Por allí les caigo.

