Mis queridos Exageraditos:

Comunicado:

Hola, en primer lugar quiero darte las gracias por visitar mi blog, sea porque pasaste de casualidad o llegaste a través de otra persona, en segundo lugar me gustaría realmente visitar también tu blog, y más si eres mi seguidor porque me gustaría ser tu seguidora también; sin embargo, mi querido amigo, muchas veces no he podido acceder a tu blog porque no es visible el enlace respectivo, no es por falta de interés...¡jamás!, así que te pido un favor, si pasas por aquí y me sigues o no, te invito a dejarme un comentario, porque así me es más fácil llegar a tu blog. Si así lo haces no dudes que te visitaré prontito.
Palabra de Nina ♥
Mira que ya pasaron por aquí:

Gracias...los quiero

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viernes, 15 de abril de 2011

¡Traicióoooonnnnn!

¡Lo vi!, ¡lo vi! vi a mi bicho con otra, sí y estoy destruida, por casi dos horas me he acabado las uñas pensando y pensando qué había pasado, pero lo vi, lo vi…
Amigos sé que no les he comentado muchas cosas de mi misma, pero les contaré que estudio en la universidad la carrera de derecho (leyes) sí, sí, adivino lo que pueden pensar, pero tengo un padre abogado, que tiene un padre abogado que a su vez tuvo un padre abogado, así que los hijos de mi padre prácticamente no teníamos otra opción. Pero no se asusten, me gusta esto de las leyes y meter preso a los malos y ayudar a los buenos, eso me gusta, lo que no me ha gustado es que ayer cuando me dirigía a la biblioteca, aquí tengo que hacer un alto, para contarles que a mi casi nunca me gusta ir a ese lugar tenebroso que huele a viejo y donde siempre te mandan callar. A mí me gusta el aire libre y hablar mucho con la gente, así que ya comprenderán que ese lugar (entiéndase biblioteca) era para mí tanto como ir a un cementerio, porque hay más muertos que vivos allí dentro (lo digo por los autores), además en mi casa siempre han habido muchos libros de derecho, así que tenía la excusa perfecta para no ir por allá; sin embargo, ayer prácticamente fui obligada a ir a la biblioteca para devolver un libro que un profe´ había pedido prestado.
A regañadientes caminé hacía allí, y grande fue mi sorpresa cuando, en medio de tanta gente rara, enterrada entre libros y con cara de sueño, vi a mi querido bichito. Allí estaba él, pero no estaba solo, ¡estaba con una mujer!, demasiado juntos para mi gusto. Ella lo miraba, y él la miraba; ella le hablaba y él le hablaba, ella le sonreía y él (Ohhhhh) también le sonreía. Me quedé con el libro viejo en mi mano, mirando aquella escena que me rompía el corazón, hasta me pasó por la mente agarrarla a librazos, pero eso no sería suficiente, pues el libro viejo ya se me deshacía en las manos. Sin embargo, fui una cobarde y me marché casi corriendo de allí. Él no me vio, y mejor porque me hubiera puesto a llorar.
Estoy que no sé cómo reaccionar, ¡mi bichito! ¡Qué hacía con aquella mujer (horrible)! ¡Qué le vio! y lo peor es que parecía hasta menor que yo, parecía como si recién hubiese ingresado a la universidad, o tal vez, es la típica chica cerebrito y quizás mi bichito por eso se acercó a ella….¡noooooo! él no haría eso, además la mujercita era, era, era alguito …agraciada….¡noooooo! más en mi contra, ¡joven y linda! ….sniff, sniff, sniff…
Hace rato me llamó y no le contesté, ¡que sufra!… aunque el muy bobo ni siquiera sabe lo que han visto mis ojitos…

miércoles, 16 de febrero de 2011

¡Vaya día del amor!

¡Qué día el de antes de ayer!…después de esperarlo por todo un año llegó el día de San Valentín. Tenía preparado – según yo – un día especial para pasarlo con mi bicho, pero en vez de eso, fue todo un caos. En primer lugar casi de madrugada (eso de las diez de la mañana) llamé a mi hombre para desearle un feliz día, pero el niño no estaba en casa, había salido hacía una hora. Primero me enojé, pero luego entendí todo perfectamente, mi bichito había salido a comprarme un regalo por este día y seguramente después pasaría por mi casa. Les dije a todos que el bicho llegaría pronto y que por favor, al menos por esta vez, lo tratarán bien. Mi padre me hizo una mueca, como diciendo, “no prometo nada”; mi madre rió nerviosa, como diciendo “yo no me meto” y Paty, mi pequeña hermana de diez interminables años, que vive enamorada de mi bicho, se fue corriendo a su cuarto y se encerró allí.
Esperé a que llegara el bicho, pero éste tardaba. Lo volvía a llamar a su casa, pero no aparecía. Cuando estábamos a punto de almorzar sonó el timbre. Mi padre, sentado ya a la mesa, se abalanzó sobre su plato temiendo que por causa de mi bichito ya no tendría opción de repetir, “Ya vendrá comiendo el bicho ese” dijo, fastidiadísimo. Abrí la puerta y frente a mi apareció el bicho, ¡venía en unas fachas que para qué les cuento!, todo mojado, con pintura en toda la cara y talco en el pelo. El pobre, como lo supuse, se había ido a comprarme un regalito, pero al momento de estar cerca de mi casa, los “chiquis” de la cuadra en pleno juego de carnavales lo habían acorralado y le habían lanzado sin piedad decenas de globos de agua, “matacholas”, talco y demás cosas. El pobre se veía de lo más ridículo, tanto que mi padre soltó en su cara tremenda carcajada, mientras minimizaba la situación aludiendo a que eran sólo “criaturitas” jugando con un poquito de agua. Con el susto ni ganas tuvo de comer, mi papá, a regañadientes, le prestó una camisa y un short, que más que ayudarlo, hizo que pareciera un fantasma, un saco de papas... pero sin papas. Demás está decirles que mientras se secaba su ropa el pobre tuvo que aguantar con hidalguía cada broma de mi familia.
Por la tarde decidimos salir a dar un paseíto por nuestro día, así que mientras el bichito me esperaba, yo me arreglaba a más no poder. Me maquillé, me alisé el pelo, me perfumé, y me puse una ropa bonita que había comprado para la ocasión. Ya listos nos despedimos de mi familia, y salimos de mi casa casi corriendo, mientras que mi papá nos gritaba desde dentro: “¡no más de las diez, Nina… oíste tú también, bicho!” Caminamos por el parque cerca de mi casa, íbamos de la mano, suspirando y suspirando, cuando de repente, una turba de lactantes agenciado con globos llenos de agua, con baldes, con latitas de betún, talco y pintura nos empezaron a perseguir.
El bicho que ya los conocía, me tomó de la mano y empezamos a correr como locos, pero sus párvulos compinches nos cerraron el paso casi al doblar la esquina. El ataque fue frontal y también a traición (por la retaguardia) Regresamos a mi casa empapadísimos y llenos de pintura, y no nos quedó otra opción que pasar la tarde de San Valentín en casa, mirando televisión, comiendo palomitas de maíz, y tomando limonada…junto a mis queridos padres.

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