
No podía esperar menos, mi bichito leyó la notita que le dejé, y por la mañana tempranito nos encontramos en la universidad, allí me miró, se acercó a mí… y … y… me abrazó tan fuerte que pensé, por un momento, que había sucedido alguna desgracia, pero no, creo que se emocionó puesto que inmediatamente después me dio el beso más tierno que alguna vez me haya dado…tan es así que me hizo recordar la primera vez que nos vimos. Estábamos en primer grado…sí aunque no lo crean, conozco a este bichito desde el primer grado y recuerdo claramente el peinado que le hacía su mamá ¡tan chistoso! que me reí de lo lindo cuando lo vi por primera vez. Por eso él siempre dice que lo primero que me provocó fue risa y yo lo primero que le provoqué fue miedo, porque dice que nunca había conocido a una niña tan perturbada como yo. Era por eso que, cada vez que me veía, se corría…sin embargo no pudo escapar nunca de mí, pues yo siempre andaba detrás de él, hurgando en sus cosas, revisando sus cuadernos y escribiendo mi nombre en la última de sus hojas con lápices de colores. Creo que desde siempre me gustó; su carita era tan graciosa y su peinado -vuelvo a repetir- era muy chistoso, con la rayita al costado y bien planchadito, mientras que yo, muy a mi pesar, me aparecía con mis dos colitas de chilindrina las cuales, después del recreo, desaparecían irremediablemente...
Aquel abrazo tan intenso me hizo recordar cosas que pensé que había olvidado... pero que allí están, recordándome que los buenos momentos no hay que olvidarlos, sino exagerarlos… Son buenos tiempos para mi bichito y para mi…seguro que si.